Ahora
Continúa erizándose mi piel con Tantas cosas. Las debilidades siempre fueron mi fuerte, qué curiosidad. Los errores repetidos son los mejores, porque son los que nos definen, más allá de juegos y tentativas. Las pasiones describen cada paso. Como la palabra pensada, formulada e hilada -de hilo- agasaja mis deseos futuros.
Pienso en Buenos Aires y Santiago con tu calor como marco, en el blanco de una vida que desconozco si tendré. En el periodismo, en tus preocupaciones, en la belleza de Madrid en otoño. Acompáñame, ¿no hueles el ocre en las aceras, la acogida del café?
También en el abuelo, que me defiende de estúpidos miedos. Ahora los ángeles viajan en mi cuello. Lujurioso lugar de paz y guerra.
Sueño con mil fórmulas para la entrevista perfecta. A veces olvido que soy sencilla, que lloro con corazones cotidianos, que padezco de raíces auténticas. Que quien mucho abarca poco aprieta. Aleixandre se oculta por parajes de días despistados pero no puedo borrar nuestros momentos, esos sobre los que soy incapaz de escribir. Numerosas cajas de Pandora, a mí me tocó la especial. Tan sólo por ser mía.
Quién sabe si un día llegarás para desatar la utopía. Esa que a veces dejas escapar para vislumbrar que no soy una diosa, sino esa mujer que sigue creyendo en la vida, esa con la que te despiertas por las mañanas y a la que elevas a terrenos intangibles. Esa que lucha porque lleguen las siete de la tarde y el mundo se reduzca a un abrazo, esa que quiere cambiar el sistema porque detesta las situaciones violentas (hay una n de diferencia), las inestabilidades y los juegos sucios. La que sueño con ser y la que ves en el espejo mientras te afeitas. La del brillo sin labios, la agitada, la princesa, la sindicalista, la ñoña. Esa que redescubres y de la que hablas. Esa que no encuentro. Esa utopía que descifras al decir que soy el cuerpo de tu felicidad.
Oscuridad sin trampas pero absorbente. Divina estancia donde me situáis, donde me hacéis. En la llegada de un aeropuerto, en un estudio de radio, frente al mar inquisidor, en el centro de vuestra vida.
Naturaleza elegida que me llevó a una Salamanca no terrena, justo en el lugar indicado en el momento preciso para descubrir la clave de la existencia: tú ya la conoces. Ya me sabes.

Elena dijo
Por casualidad dí con esta página... Y ahora no puedo evitar esta confesión... Confieso que te admiro aunque no sepa quién eres. Podría ser yo quién hubiera escrito todo esto, pero sé que no hubiera podido alcanzar esa manera de escribir... Me he emocionado leyendo partes de una vida que no es mía... Felicidades, por saber plasmar de una manera tan magistral "tantas cosas"... Una gran periodista, mi referencia en ésta, también mi futura profesión (espero), aunque no te conozca de nada.
16 Abril 2006 | 01:13 AM