Hacerse mayor es empezar a asumir fracasos. Pequeños tropiezos que no atinamos a encajar de forma adecuada -¿acaso la hay?-, que en el futuro nos parecerán irrisorios, pero que nos desestabilizan. A veces no atiendo a razones, soy demasiado vehemente e impetuosa.
Yo no quiero enmendar errores, prefiero desecharlos.
He pensado mucho en el mar, con los ojos cerrados, incluso he podido recordar la intensidad del salitre en el ambiente. He echado de menos mis libros, mis llamadas -aunque siempre estoy al tanto, o lo intento-, la templanza y el sosiego.
Estoy demasiado acelerada, ¿para qué abarcar tanto? Trato de razonar, palabra.
El nuevo trabajo es apasionante, estoy disfrutando como una niña, no sólo porque hago lo que me gusta y como me gusta, sino porque estoysintiendo Madrid con placer, su receta de invierno es la más acogedora. Aprendo y respiro la dicha de estas calles.
Y sueño, en todos los estados sueño. Y me acuerdo de ti.
Pdta: Pensar es como andar junto a un río.