Nunca había entendido a los poetas que escribían cantos de amor a las ciudades, algo tan inerte e impersonal. Por fortuna, el destino es sabio y nos coloca frente a frente con la falta de creencia o de miras.
He aprendido lo que es ser urbanita en Madrid, ciudad personaje de mi vida. Me he comprendido en sus calles, he crecido en sus noches, he llorado en sus plazas. Y me he superado inmersa en sus fríos.
No hay ciudad más cálida y versátil que ésta. Individual y ávida de secretos, Madrid te embruja después de haberte zarandeado para descubrir si mereces sus encantos.
Puedes elegir compañía o nutrida soledad. Siempre está dispuesta a hablarte, a ayudarte en la duda.
Vivo una historia de amor con esta ciudad. Creciente, como sus latitudes; intensa, como sus gentes.
No sé cómo voy a existir sin ella, huérfana de pasión. O lo que es lo mismo, cómo aprenderé a no perderme sin ti.