La tristeza ya tiene nombre.
Vivir es ir descubriendo palabras.
Vivir, ir recopilando recuerdos inquebrantables. Los recuerdos son el tesoro junto a tus abrazos.
Pronto tus abrazos serán recuerdos.
Miedos. Cierro y abro puertas, a veces sin demasiada claridad. Nunca con maldad, creo.
Me equivoco, por si no lo contemplabas.
Me absuelvo del diluvio en tu abrazo.
Sigo andando.
Pienso, me acuerdo de que respiro.
Sueño. Y luego, otra vez, la vida.
Todo está en los libros, me repito.
Pero entonces tus ojos me miran generosos y lo olvido todo.
Vuelta a caminar, la vida, los recuerdos.
Mi mente, tus manos.
Mis versos, la lejanía, mi mente.
Los versos de otros, muchos.
Islas distanciadas de mi continente.
Tierra firme: el mar de tus gestos.
Imágenes inventadas, un guión roto.
La naturalidad es para los fuertes.
Fortaleza, tu fe. Madrid.
Trato de decirte que no soy una diosa.
Nada es infalible, ni siquiera la muerte.
Justicia.
Palabras.
Debilidad.
La tristeza tiene nombre.
No el nuestro.