Sobre el amor
Hace poco alguien me dijo que el amor es terrorífico y desde entonces no he podido dejar de pensar en ello.
El amor no es terrorífico. Somos nosotros, a quienes nos pueden los instintos. Nosotros, que somos capaces de destrozar el mundo por amor.
¿Por amor? Al final, el amor es siempre el culpable. Todos le atacan y nadie se erige en defensor. Ni siquiera él mismo, devastado por la ingratitud de aquellos que una vez le dieron cabida.
El amor es lo más sobrenatural, pero también lo más humano que podemos experimentar. Pero no nos pertenece, más bien le pertenecemos. Y es que, incluso empeñados en destruirlo, el amor dura toda la vida.
No importa que sea un simple suspiro porque permanecerá latente en un lugar en el que deje tranquila a la racionalidad.
Aparte del amor, el ser humano disfruta de una infinita capacidad de superación. Y, por consiguiente, de aprender a amar una y otra vez desde el principio.
El amor tiene carácter divino y nos volvemos locos porque confundimos los fines y queremos poseer, y saciar la vida en un instante.
Erramos en la gestión del amor, a la que confundimos con su esencia. Nuestra corrupción ataca su pureza.
Pienso muchas cosas acerca del amor, pero es que además creo en él lo suficiente como para aparcar el pesimismo.
Porque al amar no hay que aprender a respirar, aunque a veces nos falte el aire. Porque el amor nos guía hacia la inconsciencia del pensar que todo es posible. Nos hace crédulos. Nos da forma, nos permite comprender la naturaleza de sujeto y objeto.
Incluso a veces, con suerte, nos da las alas para querer luchar y trabajar por él. Y es entonces, sólo entonces, cuando caemos en la cuenta de que no sólo queremos crecer al lado de otra persona, sino también consumirnos y terminar apagándonos.
Eso es lo que todos buscamos, hasta aquellos que se declaran detractores del amor. Que no son más que amadores aterrados, errantes taciturnos deseando amar desesperadamente.
Pdta: Tengo mucho más que decir al respecto.

Nachete dijo
Que sepas que sigue siendo terrorífico, casi peor que la religión (que es otro amor más pervertido). Lo terrorifico del amor no es su presencia, sino su ausencia, cosa que también le pertenece.
Besitos.
18 Noviembre 2008 | 01:04 AM